En el marco del debate por posibles cambios en la Ley de Glaciares, el ambiente periglacial se posiciona como un eje central por su rol en la conservación de los recursos hídricos.
Estas zonas, ubicadas en las cercanías de los glaciares, se caracterizan por mantener el suelo congelado durante gran parte del año. Esta condición les permite funcionar como reservas naturales de agua, regulando de manera gradual el flujo hacia ríos y cuencas que abastecen a distintas regiones del país.
Especialistas señalan que el periglacial actúa como una “esponja”: acumula agua en períodos de baja demanda y la libera progresivamente, lo que resulta fundamental para sostener el equilibrio hídrico, especialmente en contextos de variabilidad climática.
Actualmente, este tipo de ambiente está contemplado dentro de la legislación vigente, que restringe actividades como la minería para evitar impactos negativos sobre estas reservas. Sin embargo, la discusión por una eventual reforma vuelve a poner en foco su nivel de protección.
En este escenario, el ambiente periglacial trasciende lo geográfico y se consolida como un elemento estratégico, ya que cualquier փոփոխación en su resguardo podría incidir directamente en la disponibilidad de agua y en el equilibrio ambiental.
