En Argentina, la estabilidad económica suele llegar con una factura debajo del brazo. Hoy, mientras el Gobierno celebra una desinflación gradual y un dólar en calma, las familias atraviesan una de las cargas financieras más pesadas de las últimas dos décadas. El 19% de los ingresos de los hogares se destina exclusivamente a pagar deudas. Un récord que desnuda una contradicción dolorosa: la economía puede estabilizarse en los indicadores, pero no necesariamente en los bolsillos.
El endeudamiento se disparó en un año. Muchos vieron en el crédito la única forma de recomponer un consumo que la inflación y la caída salarial habían pulverizado. Pero la foto actual es brutal: los ingresos reales retroceden y las cuotas siguen creciendo. El sector privado formal ya gana 1,2% menos que en noviembre de 2023. En el sector público, la caída es aún más pronunciada: un 5,5% en apenas cuatro meses.
El problema no es sólo el monto de la deuda, sino el costo de sostenerla. Las políticas monetarias recientes refinanciación de deuda en pesos al 65% y aumento de encajes al 40%, destinada a frenar la presión cambiaria, encarecieron el crédito a niveles impensados. El costo financiero total de las tarjetas trepó del 150,7% al 184,3% anual, un salto de 70 puntos en pocos meses. Para las familias, eso significa pagar mucho más por lo mismo, con ingresos que valen cada vez menos.
El Banco Central reconoce que la morosidad crece, sobre todo en los hogares, donde el incumplimiento llega al 4,5%, más del cuádruple que en el sector empresario. La respuesta de los bancos es la esperable: más filtros, menos crédito, más tasas. Un círculo vicioso que, lejos de oxigenar, asfixia.
En este contexto, la desinflación se vuelve un espejismo. Porque si los precios dejan de subir, pero el salario no se recupera y el costo del financiamiento se dispara, lo que tenemos no es estabilidad, sino una nueva forma de ajuste. Y el riesgo cada vez más tangible es que esta calma macroeconómica se transforme en una recesión social que los números fríos no siempre muestran, pero que los hogares ya sienten todos los días.
